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El breve decálogo de valores que dibujé para Whalecom es la excusa.

La verdad de este momento es la alta euforia que provoca este temón + haber retomado el contacto con la tinta china. ¡Vamos, subite a esta terraza!

Esta tarde disfruté de la muestra de percusión del taller de Oliva (en la que uno que yo sé, se lució con las semillas ; ). Me gusta esa cosa grupal de “la percu” en la que la cadencia musical va tomando cuerpo (y al nuestro, también!), llena el espacio con sus formas y ritmos, y a una se le va el avión, de a poquito, hacia donde impulsa el tema en cuestión.

Y hablando de música, recién leí que murió Cesaria Evora, la increíble artista de Cabo Verde que cantaba descalza para recordar sobre los escenarios del mundo, la pobreza del pueblo del que provenía. Noticia triste. Empecé a escuchar a C.E. hace unos 10 años, por un compiladito que me armó un ex novio. Ahí se encontraba un tema que ella cantaba con cierta alegría y que me encantaba y que ahora no me sale su nombre. Buscándolo en youtube para ilustrar este post, me topé con: “Ausencia”.

Este tema me resultaba más que familiar, pero lo asociaba a otro mundo. Fui a chequearlo: efectivamente, estaba incluido en el disco “Underground” (de la película de Kusturica). ¡Recién ahí me enteré que la Evora había participado en el cd que alguna vez había sido uno de mis favoritos! ¡Qué mezcolanza linda de músicos y culturas!
el videito con subtítulos es algo raro, Betty… y no tiene nada que ver con la estética de la peli pero lo bancamos igual-

Después, terminé encontrando “el” tema. Acá abajo lo poncho. ¡Espero que lo disfrutes!

¡Gracias por estos y tantos otros bellos momentos, Cesaria querida!

Si hablamos de cantantes inglesas, P.J.Harvey -sacó nuevo disco! todavía no lo escuché…- y Beth Gibbons (Portishead), entre otras, me acompañan desde hace más de 10 años.

Pero este fin de semana, el loopeo musical vino desde la confesión dañina de: “You know I´m not good” de Amy Winehouse (esa forma de cantar de reviente me cae tan bien…) + “White Flag” de Dido (que no es santa de mi devoción pero bueh! en este tema, la rubiecita me puede).

Me gusta que ambas, por un motivo u otro, terminan mostrando sus hilachas. Esas que tanto queremos esconder u obviar y que, en definitiva, nos hacen tan humanos.

Por mi parte, hoy fleté ciertos deberes y me dejé mecer por la densa corriente azul de estas canciones. Acá, el puerto al que llegué.

Anoche terminé de ver “The Wire”. Hasta la música de su intro se me metió en las entrañas (gran tema de Tom Waits reversionado en cada una de las 5 temporadas).

No puedo parar de “evangelizar” sobre este policial a cuanto se me cruza por el camino. Los guionistas conocen el paño y plantean una historia compleja y muy interesante, algo así como una tragedia griega en el nuevo milenio y localizada en Baltimore. Pero está acá a la vuelta también.

Dale, cuando tengas 5 minutos tranquis, leé este post y este otro. Y ponete ya mismo a bajar el primer episodio desde Cuevana.

Un afiche que vi en la calle mostraba a una mujer, en tensión, bailando flamenco. Más tarde, una amiga que vive en Pamplona me pasó por error este link de una radio (recomendadísima). La música que surgió de ahí fue un “alcoyana-alcoyana” con mis ánimos.

Me puse a dibujar en piloto automático. Mientras esperaba que la acuarela secara, la canción que susurraba, sin embargo, era: “My sweet Lady Jane” de los Rolling Stones.

Unos días atrás, tuve una conversación sobre los motivos por los que se nos pegan unas canciones (y no otras). “Prestale atención, no son casuales”, H afirmaba. Mientras reflexiono sobre el asunto ¡Dale gas al dulcimer, Brian Jones! Con ustedes, mi bailaora Lady Jane.

Uno no decide qué canción se le pega. Simplemente va andando por la vida y de repente suena un reggaeton desde un auto, se filtra el rock entre las persianas de un depto o el punchi de un gimnasio. Y de ahí en más, el “relájate y goza”. Ese tema lo acompañará por un buen rato, le guste o no.

Anoche, sin embargo, la pegajosidad vino por una frase que leí en una exhibición de caligrafía. Parece que la profesora estaba a full con el bolero y para mostrar una variedad de tipografía, escribía una y otra vez “Bésame, bésame mucho, como si fuera esta noche la última vez”.

Caminé más de 15 cuadras hasta que llegué a mi casa. No hubo caso: el bolero de Consuelito Velázquez se me abrojó con ganas. Sólo se aplacaría escuchándolo completo y un par de veces. Por suerte, y a diferencia de lo que me pasaba 15 años atrás, ahora internet colabora con la causa; y rápido. Encontré la versión interpretada por Cesarea Evora y después de escucharla 1 millón de veces, arrollé la sed musical.

Adoro la música. Apenas cruzo la puerta de casa ya tengo puesto los auriculares. A veces, canto para afuera aunque no me sepa la letra y bailo -con sordina- mientras espero el semáforo. De todo esto no era muy consciente hasta el martes pasado, cuando perdí mi ipod y tuve que salir al mundo sin la compañía de mi amiguito sonoro.

Cuando mi ánimo es amable acepto que no hay mal que por bien no venga. A quienes nos gusta dibujar sabemos que la observación es una fuente riquísima e inevitable de nuestra labor. Pero a veces no la ponemos muy en práctica. Bien, ese martes silencioso en una larga caminata me reencontré con ella. Me sorprendió. Y a la vuelta, charlando con Fer, confirmé una sensación: la atención es bastante más limitada de lo que creía. La cuestión se parece al dilema de la sábana corta: si pongo el foco en lo que pasa en la calle pierdo la intensidad musical. Y si “se me va el avión” con una canción, la mirada no registro nada. ¡Creo que es uno de los pocos casos en el que elegir entre una opción y otra es realmente maravilloso!

Podíamos no saber el nombre de un instrumento pero reconocíamos su forma. Excepto la de tres socotrocos retorcidos que parecían flores de acero y estaban ubicados en el medio del escenario del Teatro San Martín. Cuando la banda empezó a interpretar: “Ballet Mécanique”, compuesto en 1923 por George Antheil, estos misterios dejaron volar su sonido y nos enteramos de que se trataba de ventiladores abiertos al medio. Fue un concierto memorable.

Si te interesa el asunto, te recomiendo leer esta nota. Por mi parte, Ceci querida, te agradezco la invitación a tremendo plan. Presenciar a esa maquinaria incansable de músicos e instrumentos -y tu sirena tocada tan a tiempo- fue una experiencia de alto goce. Un poco de aire fresco, euforia inusual. ¡Espero con ganas tu próxima obra!

Videíto sobre la peli que acompañaba la puesta musical original, integrada por: 2 pianos, 16 pianolas sincronizadas, 3 xilófonos, 7 campanas eléctricas, 3 ventiladores, sirena, 4 Gran Caza y tam-tam.

Escalandrun es un tipo de tiburón. Escalandrum (nótese el neologismo con drum), el nombre de la banda de jazz que vimos el sábado pasado, en el marco del Festival de Tango.

Escalandrum

Liderada por el baterista Daniel “Pipi” Piazzolla -sí, nieto de-, el sexteto formado hace 10 años rindió un homenaje al gran Astor. La banda tocó increíble, y las palabras intercaladas entre tema y tema por “Pipi”, dieron una tonada  simpática a la velada.

Datitos:
1. Piazzolla nieto iba a pescar escualos con su padre. Como a su vez, lo hacía su abuelo. De ahí, el nombre de la banda -¡Qué bueno poder compartir ciertos gustos exóticos con tus familiares!-.

2. “Pipi” contó que no le resultó fácil llevar su apellido, ni realizar un tributo a su abuelo. Sin embargo esa noche -y después de más de 4 meses de haber preparado ese repertorio y apropiárselo a su modo-, se relajó, disfrutó del recital y se sintió orgulloso de portar el “Piazzolla”. Me quedo, entonces, con esa satisfacción de atreverse a ir a fondo con un proyecto personal y salir contento de la experiencia. ¡Salut a los tiburones musicales!

Regreso Charly García 1

Publicado en eBlog, 7 de agosto.

Ayer hasta las seis de la tarde, el tema obligado del dibujo del viernes para eBlog era las elecciones. Tras luchar con el asunto largo rato estaba llegando a resolverlo, cuando en un recreo mental aparece el: “habría muerto Michael Jackson”, según un diario de Los Angeles. En unos minutos se confirmó la triste noticia. Y decidimos cambiar de tema.

090626 Michael Jackson 2

Cuando era chica no tenía sus casettes, pero bailaba frenética sus hits y me divertía viendo las imitaciones berretas que hacían los chicos de 5º año que participaban de “Domingos para la juventud”. Más allá de los vaivenes de la vida privada, adoramos su pop. Esta es la ilustración que finalmente se publicó hoy en eBlog. Y esta otra, la opción B que le pasé a Lalo.

090626 Michael Jackson

“Swing 46 es un club chiquito que queda en la 46st (de ahí su nombre) y la 9na, y que abre todas las noches de la semana. George Gee´s Swingin´ Big Band tocó hace un par de martes, con una alegría suculenta y contagiosa.

Swing 46 - George Gee and Orchestra

Esa noche nos hicieron girar y girar sobre la pista -a ritmo alzado y mucha carcajada- hasta a los que pensábamos estar sólo como simples observadores del ritmo ajeno. Por suerte, a veces la noche no sale como la planeábamos.