Milo se puso mi gorro de natación y las antiparras de lentes celestes. Con sus dos años, el atuendo le quedaba mortal. Cuando el ridículo me pide el “escudo”, señalando la tapa de la olla, el ataque de risa me estroló contra el sillón.

Ilustración publicada el viernes 5 de octubre en el Suplemento Mujer de Clarín. ¡Gracias, Ro, por guardarme un ejemplar!

(Entre nos, Betty, ¿qué hacemos con los fantasmas de esta edad…? Mi reino por ese escudo salvador)

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