Este año no adopté ningún cuaderno de apuntes. La descarga de firuletes termina en servilletas, bordes de diarios, pedazos blancos de papeles viejos. Casi toda la lucidez y la flojera divertida van a parar a mi proyecto de libro. Algunos dibujos zafan y son retrabajados en la compu. La mayoría se dirige a engordar unas cajas con el resto de las “buenas intenciones”. Ya van casi 4 años de este proceso, así que tengo buena intención de sobra.

Desde que abrí este blog me inventé la consigna de no postear sin dibujo. A los fines de cumplirme (?) con esa palabra fundacional desempolvé un viejo boceto de acuarela. De esos que salen cuando una está probando los colores y no le importa mucho qué va a quedar.

Esta noche de tecleo bondadoso, entonces, recomiendo un par de libros que tuve el placer de toparme este año:

> “Boy” y “Going solo”, ambos de Roald Dahl. ¡Hiptotizantes! El primero trata sobre la infancia del escritor en Gran Bretaña, sus travesuras ridículas (que me hicieron acordar a las que cuenta mi viejo en Balnearia, Córdoba), su fanatismo por el chocolate (fue tester de Cadbury, posta! y de ahí a: “Charly y la fábrica de chocolate” hubo sólo un par de pasos), la salvajada de las varillas aleccionadoras, sus viajes a Noruega, país natal de su madre (disparó directo a los viajes familiars a Santa Fe, Argentina, je!), etc.  En “Going solo” me subí al avión que piloteó en la Segunda Guerra Mundial, con sólo un par de meses de entrenamiento. Nunca me hubiera imaginado enganchándome tanto con capítulos sobre ataques, cicatrices y otros demonios.

> “La historia del arte”, de E.H.Gombrich. Un clásico de clásicos que reimprimieron en edición de bolsillo. ¡Gracias, Dami, fue un regalo perfecto! Ordena las ideas, los tiempos, las obras emblemáticas. Texto e imagen, texto e imagen, a prueba de despistados. Fascinante y esclarecedor a la vez (Betty hoy está en su salsa, dale que va).

> “Qué hacer”, de Pablo Katchadjian. Es una novela rarísima que escribió un amigo y me copó. No puedo explicar bien de qué se trata. Sí puedo decir que tiene una estructura narrativa que se repite capítulo tras capítulo con una variación en el orden del contenido. Eso genera sentidos locos, efectos entre graciosos y chocantes. (¿Un chino? No importa, está buenísima).

Anuncios