El 3 de febrero se publicó en Clarín la nota que ilustré: “Jóvenes que no quieren crecer” (o “adultecentes”, como lo tildan en el artículo). Ese mismo día estaba volando a Bangkok.

Sólo toqué tierra -si se lo puede llamar así- en Dubai. La mezcolanza de culturas circulando entre las columnas enormes, espejadas e inmaculadas del aeropuerto y la casa rosa del falso pajarito que colgaba en uno de los árboles reales del mini parque que armaron ahí adentro, me despabilaron.

Hace un par de días volvimos a Buenos Aires y todavía tengo los horarios tergiversados. Levantarse un lunes a las 6h es raro. Pero un feriado a las 4.15h, más aún. Lo bueno de todo este desorden es arrancar la jornada con la ciudad apacible. Da la sensación de que una puede pensar más lúcidamente que de costumbre e incluso hasta llevar a la práctica esos proyectos delineados en la estratófera mental… ¡¿Será sólo efecto vacaciones?! Cruzo los rulos para que no. Y que, además, en este espacio quede plasmado algo de aquellas imágenes que hicieron huella en mí.

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