Estuvimos más de 10 minutos mirando los rayos que cruzaban el cielo de Saavedra, en silencio. El espectáculo era entre hipnótico y aterrador. Cuando aparecieron las primeras gotas me subí al colectivo. En el techo sonaron cascotazos. El linkeo instantáneo fue con las bolas de hielo que golpearon en el 2007.

En Cabildo, parece que varios las recordaron, también. Y ni lentos ni perezosos, subieron sus autos a la vereda y los estacionaron debajo de los techos de los negocios y galerías. Otros hicieron lo mismo pero encontraron un lugar bajo los árboles o un kiosco de diarios cerrado. En el viaducto hasta se formó una fila de coches quietitos que aguardaron debajo del túnel, y en segunda fila, a que amainara. ¡Qué poder de improvisación! Fue un viaje, realmente, entretenido.

Anuncios