El albergue en el que paramos tenía más de 100 años. Aguantó bien el terremoto. En la escalera de su entrada, sin embargo, se abrían un par de grietas. Eran del terremoto del ´60. No me quiero ni imaginar lo que fue eso…

El puerto de Valdivia se quebró, el carnaval de navíos se suspendió. Toda la ciudad quedó como detenida en el tiempo: sin luz ni  internet y con todos los fantasmas de terremotos anteriores yirando por ahí. El río siguió su marcha, casi indiferente. Y hermoso.

El 1 de marzo el ambiente se fue calmando. Y lentamente, empezamos a enterarnos de la magnitud de lo que había y estaba ocurriendo. A tres días de ese “baile”, otra actitud de viaje.

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