Ir a nadar es como el nuevo chiche: querés jugar con él a cualquier hora, todos los días. La pile que frecuento abre todos los días y hasta tarde. El lunes me tenté con ir a la noche. Fue un placentero acierto. De a poco, gano resistencia y calma (para el croll, eh? en otros planos de la vida, Betty, sigo inquieta. Pero no pierdo la fe ; ).

Una de las sorpresas con las que me reencontré esa noche: atravesar por el medio a un nadador “topadora” que viene por la izquierda, y al mismo tiempo pero del otro lado del andarivel, a otra “topadora” que avanza por la derecha. Por un segundo -o mejor dicho, una brazada-; pura adrenalina acuática.

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