La semana pasada nos hamacamos bien fuerte; chirriamos.

Volvimos a tentarnos con saltar -al infinito y más allá- cuando llegamos a lo más alto de la curva.

Admitimos que aparece, de nuevo, ese micro miedo de dar la vuelta completa -¿alguna vez te pasó?-.

Desde ese día, el vicio del placeo.

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