Pina Bausch, la coreógrafa y bailarina alemana que creó una nueva forma de expresarse en materia de danza, murió hace casi un mes. Es una tristeza.

La vi por primera vez en un video que nos puso una profesora de danza contemporánea, hace 9 años. Me impactó la expresividad que alcanzaba su figura esquelética con esa especie de camisón blanco, la forma en la que se movía: sutil, original, dramática y con lo ojos cerrados al borde de chocarse con las sillas caídas, la pared, un hombre. La pieza se llamaba Café Müller (algunos la pueden recordar por la película: “Hable con ella”, de Pedro Almodóvar) y me marcó intensamente.

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Bausch había declarado hace poquito: “Lo que me interesa no es tanto (saber) cómo se mueven las personas, sino lo que las emociona”. Y entre sus obras, había realizado una puesta con bailarines novatos mayores de 60 años. ¿Cómo no admirar la coherencia de su modo de ver y actuar?

Creo que para muchos de los que adoramos la experiencia de bailar, ella es una inspiración subterránea, permanente. ¡Te vamos a extrañar, Pina! Acá, algunas cositas interesantes:  artículo de NYT, fragmento de Cafe Muller y otro videito.

Acabo de enterarme que ayer murió otro coreógrafo importante: Merce Cunningham. Otra pena. Debajo, unas fotos de la revista “2wice“, que le dedicó todo su volumen Nº9 del 2006 (otro día me explayo sobre esta revista increíble).

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