La primera semana en NY conocí a Bea Ramos, la directora de Dancing Diablo, quien me invitó a dibujar a un lugar que le encantaba: Spring. El estudio era en un sótano de SoHo lleno de libros, polvo y banquetas (recomendadísimo). Y estaba comandado por Minerva, una vieja graciosa que desde hace años se dedica pura y exclusivamente a enseñar dibujo con modelo vivo.

Era la tercera vez en mi vida que tomaba una clase de ese tipo, con una mujer inmensa posando desnuda. Trabajé durante horas, calladita, e interrumpí la concentración en los dibujos sólo dos veces. La primera se debió a unas indicaciones generales que dio Minerva, con un hueso en la mano. Explicó el funcionamiento de la articulación y luego mostró cómo encarar ese fémur imposible. Lo curioso fue que ella hizo los trazos sin mirar la hoja, es decir, el block estaba de frente a nosotros y su mano se movía de arriba a abajo creando un imagen increíble. Ese dibujo ya fue un flash.

La segunda vez, fue cuando ella se acercó a mi mesa. Miró los dibujos que había hecho y me dijo: “muy linda línea, eh? Trabajás con mucha libertad, fluidez, conservá eso. Ahora bajá un cambio y ponete a observar con detenimiento a la mujer que tenés enfrente”. Me dio tarea para el hogar y me dejó por escrito: “slow down”. Fue uno de los mejores consejos del viaje.

slow down 1 slow down 2

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