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La semana pasada volví a ver: “La casa de las Dagas Voladoras”, de Zhang Yimou, para tomar apuntes para un trabajo personal (que ruego concretar el año que viene). Acá algunos de los bocetos hechos a la luz de la pantalla.
Esa película me hace daño: ¡no puede contentar tanta belleza de movimiento y de color toda junta! La primera vez que la vi fue una sobredosis de placer.
Ok, exagero un poco. Pero te juro que no me imaginaba que me iba a encontrar con tanta danza, amor y espadas combinando tan bien. La escena de los porotos y el eco, me mata! Y la de los bambooes (o como se diga el plural), también.
Ahora, cruzo los rulos para que -no sé cómo- parte de este espíritu impregne algo de mi laburo.
El 6 de agosto, a las 22.45h, se lanza la IV edición de “Jueves de bazar” (Soler 3964). Un espacio chiquito en el que se inaugurará una muestra colectiva integrada por: Lola Garrido, María Laura Cheb Terrab, Bruno Depaoli, Tati Hernández, Maite Ortiz y quien suscribe. Además, tocará “La Otra”. La propuesta es simple: compartir unas copas y un buen rato entre amigos. ¿Hace falta algo más? ¡Estás invitadísimo!
El año pasado me he habían propuesto hacer una serie de pinturas que relacionase a la mujer con “cierto erotismo”. Después de probar distintas opciones, presenté estas manchas de tinta china de colores. Optaron por encargarme dibujos de línea en blanco y negro.
A pesar de que no suele agradarme el “sí pero no”, ese día me quedé contenta. La pauta me había motorizado a producir obras nuevas, a vivenciar horas interesantes. ¿Y quién nos quita lo bailado?
De vez en cuando, revuelvo los dibujos que guardo en una caja grande y de cartón -sí, necesito actualizar el blog!;)- . Hoy encontré este boceto con un detalle que adoro: la brillantina. No entiendo bien por qué -creo que tampoco es necesario- pero ver esos puntitos que resplandecen me dan una alegría simple y aniñada. Como una lentejuela, otra delicia de la vida moderna.
A veces, estos mínimos detalles bastan para ponernos de buen humor. Esperemos que este finde largo, entonces, continúe con mucha brillantina más!
“Swing 46 es un club chiquito que queda en la 46st (de ahí su nombre) y la 9na, y que abre todas las noches de la semana. George Gee´s Swingin´ Big Band tocó hace un par de martes, con una alegría suculenta y contagiosa.
Esa noche nos hicieron girar y girar sobre la pista -a ritmo alzado y mucha carcajada- hasta a los que pensábamos estar sólo como simples observadores del ritmo ajeno. Por suerte, a veces la noche no sale como la planeábamos.
El otro día encontré estos dibujos que hice en la primaria. Me dio gracia notar que ese día estrenaba marcadores (la prueba de color y el uso de toda la caja en los distintos atuendos, lo revelan) y a la vez, me sorpredieron: ¡Qué poco que cambié en algunos aspectos de mi vida! Hoy estas mujercitas cumplen 19 años. A ellas y a la niñez, mis respeto y salud!
A ver, ¿Cómo no caer rendido ante la Society of Illustrators cuando todos los martes y jueves a la noche te invita a hacer unos sketchs de modelo vivo mientras una banda de jazz toca con entusiasmo supremo, una copa de vino te acompaña en la mesa y, sin previo aviso y detrás tu nuca, una voz femenina ronronea: “Summertime…”? Es injusto. Así es la mítica sociedad de ilustradores en NY; una delicia casi maldita.
Otro de los monstruos académicos de NY es Parsons, The News School for Design. Cursé en el 9º piso de la sede de la 5º y la 13rd st. Para llegar hasta ahí pasaba por el aula que sobresale del techo, las ilustraciones del pasillo, las exhibiciones con las últimas tendencias…
Prestigiosa y marketinera, la Parsons, sin embargo, no es ajena a la crisis. Y según nos contó nuestra profesora, Mariah Fee, la universidad estuvo achicando presupuesto. ¿Y cuál fue una de sus variables poco originales de ajuste? Reducir parte de su planta de profesores, sí. Al menos, del área de bellas artes, una disciplina poco rendidora en términos económicos. Sin palabras.
De todos modos, estudiar ahí fue increíble. Ya sea por la experiencia, la calidad de formación y humana de Mariah, los recursos habilitados, los compañeros, los proyectos. Y por el contraste con otros ámbitos educativos. Estuvo bueno moverse en distintos mundos.
Ah! Algunos de los collages que aparecen unos posts más abajo fueron trabajos prácticos realizados durante las primeras clases. Adoré poner manos a la obra, el enchastre y los análisis posteriores.
La primera semana en NY conocí a Bea Ramos, la directora de Dancing Diablo, quien me invitó a dibujar a un lugar que le encantaba: Spring. El estudio era en un sótano de SoHo lleno de libros, polvo y banquetas (recomendadísimo). Y estaba comandado por Minerva, una vieja graciosa que desde hace años se dedica pura y exclusivamente a enseñar dibujo con modelo vivo.
Era la tercera vez en mi vida que tomaba una clase de ese tipo, con una mujer inmensa posando desnuda. Trabajé durante horas, calladita, e interrumpí la concentración en los dibujos sólo dos veces. La primera se debió a unas indicaciones generales que dio Minerva, con un hueso en la mano. Explicó el funcionamiento de la articulación y luego mostró cómo encarar ese fémur imposible. Lo curioso fue que ella hizo los trazos sin mirar la hoja, es decir, el block estaba de frente a nosotros y su mano se movía de arriba a abajo creando un imagen increíble. Ese dibujo ya fue un flash.
La segunda vez, fue cuando ella se acercó a mi mesa. Miró los dibujos que había hecho y me dijo: “muy linda línea, eh? Trabajás con mucha libertad, fluidez, conservá eso. Ahora bajá un cambio y ponete a observar con detenimiento a la mujer que tenés enfrente”. Me dio tarea para el hogar y me dejó por escrito: “slow down”. Fue uno de los mejores consejos del viaje.
El quinto día que llegué a NY tenía mi primera clase. Era en School of Visual Arts (SVA) y, para qué negarlo, estaba un poco nerviosa. Por suerte, atravesé la puerta de ingreso y el lugar me copó. Tiene una medida justa de informalidad y espacio productivo, las puertas violetas -colgadez buena onda-, exhibición de trabajos de alumnos y graduados que rotan todas las semanas, gente exótica y no tanto, profesores grosos.
SVA es cálida y a la vez está súper bien rankeada -a los americanos les encanta medir todo y, a veces, a nosotros nos gusta comprar eso-. Y como sucede con gran parte de las universidades de NY es un monstruo: cuenta con varios edificios de muchos pisos cada uno distribuidos en todo un barrio. A mí me tocó en suerte cursar en la sede de la 21 y la 6ta avenida. Y la experiencia superó las expectivas.
NY pide salir de la pantalla, de la casa. ¡Hay tanto y todo pasando ahí afuera y en simultáneo! La ciudad atenta contra la actualización del blog.
Hoy, uno de los primeros bocetos del proyecto que estoy trabajando en SVA.






































